Hace unos años apareció en el mercado un nuevo aparato llamado Roomba, de la entonces totalmente desconocida empresa iRobot. Este artilugio casi mágico prometía hacernos la vida mucho más cómoda, evitándonos la tediosa tarea de limpiar los suelos de nuestra casa. Su funcionamiento era simple: un aspirador robótico que se dedicaba sin descanso a aspirar los suelos de nuestra casa mientras nosotros nos dedicábamos a mirar a las musarañas.